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CASTING A UN CHICO DE NEUQUEN

Caía el sol de la tarde porteña se filtraba entre los edificios de la Avenida de Mayo cuando me instalé en mi rincón habitual de un Starbucks, justo donde el bullicio del centro encuentra esa extraña quietud que solo dan los cafés de cadena. Saqué mi celular, ajusté el ángulo para que captara bien mi escote —siempre hay que darle al público lo que quiere— y presioné grabar.

"Hola, bombones," empecé, haciendo ese pucherito que tanto les gusta. "Gloria Parque aquí, en una misión especial hoy. Normalmente ustedes saben que los castings son en mi departamento del Abasto, ¿cierto? Mi territorio, mis reglas, mi cama. Pero hoy... hoy rompemos el protocolo." Acerqué el teléfono a mi boca, bajando la voz conspiratoriamente. "Hoy haré un sasting a domicilio…” Porque un muchacho me pidió que vaya a su depto, cerca de Congreso. Trabaja en la industria petrolera, está de visita en Buenos Aires, y quiere su casting privado. Así que vamos a ver qué tal. ¿Se animarían ustedes a algo así? ¿A tenerme en su casa, solitos, con cámara y todo? Déjenmelo en los comentarios."

Guardé el celular, terminé mi latte con un último sorbo largo —la cafeína siempre me pone de buen humor para el trabajo— y salí a la calle. Caminé las tres cuadras con mis tacos resonando en la vereda, sintiendo cómo el traje ajustado rojo que llevaba debajo del abrigo corto se pegaba a mis curvas. Me gusta llegar presentable. Aunque sé perfectamente que no duraré cinco minutos vestida.

El edificio era uno de esos antiguos de la zona, con ascensor de rejas de hierro que cruje al subir. Tercer piso. Toqué timbre.

La puerta se abrió y ahí estaba él. Más alto de lo que esperaba, pelo corto castaño, afeitado, y esos ojos... esos ojos de trabajo duro, de campo petrolero y sol de Neuquén, pero con una dulzura que me desarmó enseguida. Llevaba una camisa de jean arremangada que dejaba ver antebrazos fuertes, de esos que agarran tubos y maquinaria pesada.

"¿Gloria?" Su voz sonó sorprendentemente grave, educada. “Al fin te conozco en persona”

"La mismísima," dije, dejando que mi sonrisa más comercial se fundiera en una genuina. "Y vos debés ser el chico del petróleo."

"Martín," extendió la mano y cuando la tomé, sentí que no eran ásperas, con la presión perfecta. "Pasá, por favor. Perdón el desorden, estoy hace tres días en la ciudad nomás."

El departamento era chico pero acogedor. Libros de geología apilados en una mesa, una valija todavía medio deshecha en el rincón, y el olor a café recién hecho impregnando todo. Me gustó inmediatamente. No tenía esa frialdad de los hoteles donde suelo filmar.

"Traje a mi camarógrafo," dije señalando hacia la puerta donde ya asomaba Leo con su equipo. "¿Te parece bien por allí?."

"Perfecto," asintió Martín, y noté que sus mejillas se sonrojaban apenas. Esa timidez me encantó. "¿Tomamos algo primero? Té, agua..."

"Mejor y vení acá," reí, dejando caer el abrigo.

La ropa interior que llevaba era un conjunto de encaje blanco que había elegido específicamente para la ocasión. Nada demasiado elaborado, pero lo suficientemente provocativa como para que sus ojos se dilataran al verme. Leo ya estaba posicionando la cámara, haciéndome seña con el pulgar de que todo estaba listo.

Me acerqué a Martín, le pasé las manos por su pecho —firme, atlético— y sentí su corazón acelerado bajo la tela. "Relajate, bombón," susurré contra su cuello, dejando que mis labios rozaran su piel. "Esto va a ser divertido. ¿Listo para tu casting?"

No esperé respuesta. Desabroché su camisa con movimientos pausados, dejando que la cámara captara cada botón liberado. Su torso apareció ante mí, definido, con ese vello oscuro que descendía en línea recta hacia el cinturón. Lo tiré a la cama y me puse sobre él, de manera que mi cara quedó a la altura de su cintura, o un poco más abajo, mirándolo a los ojos mientras mis dedos trabajaban en la hebilla.

Cuando lo liberé, ya estaba completamente erecto. Imponente, grueso, con esa curvatura hacia arriba que siempre me vuelve loca. Lo tomé con ambas manos, acariciando desde la base hasta la punta, viendo cómo se estremecía. Acerqué mi nariz y lo olí con suavidad, como quien huele un fino perfume. Impregné mis pulmones con el aroma a su pija, luego pasé la lengua desde su escroto hasta la punta y luego abrí la boca para que entrara hasta que el glande rozó mi paladar.

El gemido que soltó Martín resonó en el departamento vacío. Cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás, y yo sonreí internamente. Esto era lo que mejor sabía hacer. Usé mi lengua en espiral alrededor de la cabeza, succioné suave mientras mis manos trabajaban el tronco, luego profundicé hasta sentirlo tocando mi garganta. Mantuve la posición, respirando por la nariz, dejándolo sentir el calor y la presión.

"Mirá qué lindo," murmuré al separarme un instante, escupiendo un poco de saliva para lubricar mejor. Miré a la cámara y dije "¿Ves lo que te podés perder si no te animás a un casting conmigo?"

Leo se movió para tomar un ángulo lateral mientras yo seguía trabajando con mi boca, alternando entre succiones profundas y lamidas largas desde la base hasta la punta. Martín se agarró de mi pelo —con cuidado, siempre pidiendo permiso con la mirada— y yo asentí para que supiera que podía guiar mis movimientos.

"Arriba," dijo con voz ronca, y obedecí encantada.

Me levanté y me di la vuelta, apoyando las manos en la mesita de luz y mirando hacia la ventana que daba a Av. De Mayo. Me incliné hacia adelante con las piernas firmes, para ponerle el culo justo frente a él, a la altura de la pija. La penetración fue lenta al principio. Él tomó su tiempo, asegurándose de que estuviera lista, y eso me excitó aún más. Cuando finalmente entró completamente, gemí alto, sin fingir. Me encanta cuando un hombre sabe tomarse su tiempo. Mientras él empezó a bombear, miré a la cámara, haciendo un guiño y dije: "¿Te animás a hacer un casting conmigo?" repetí, mientras su verga entraba y salía con fuerza de mi concha haciendo el característico sonido “clap” “clap” mientras su cuerpo golpeaba mis nalgas..

Martín encontró un ritmo perfecto, ni demasiado rápido ni demasiado lento. Sus manos agarraban mis caderas con fuerza —esa fuerza de trabajador petrolero— y cada embate resonaba en el cuarto. Leo circulaba con la cámara, captando desde abajo, desde el costado, haciendo primeros planos de mi cara mientras me penetraba con fuerza.

Cambiamos de posición. Me senté sobre la mesada de la cocina y él se puso frente a mí clavándome la pija que estaba a la altura justa como para que no resultara forzada la toma. Martín me miraba con adoración, con esos ojos de buen chico que de pronto se habían vuelto salvajes. Me agarró de los senos por encima del encaje, pellizcando mis pezones hasta que gemí su nombre.

"Mirá esto," le dije a la cámara, mientras me movía arriba de él. "Mirá lo bien que la pasás si te animás. No te hagas el tímido, mandame un mensaje a mi Telegram. Gloria Parque te espera."

Después vino el sexo de espaldas, con mis piernas abiertas mientras él me penetraba profundo, tocando ese punto que me hace ver estrellas. Luego de costado, en la cama, contra la pared del departamento, etc. En cada cambio de posición aprovechaba para hablarle a la cámara, para promocionar mis servicios, para incitar a mis seguidores a que dejen de mirar y empiecen a participar.

Jugamos un buen rato con el espejo del armario, que usamos para mirarnos y ver cómo entraba y salía su miembro de mi concha, de frente a él, de espaldas, montándolo, en cuatro patas, tipo cucharita y algunas más, ensayamos todas las poses porque el tamaño de su pija lo permitía, sin problema de erección ni de puntería. Siempre firme y adentro, como me gusta a mí.

"Imaginate que sos vos," susurré en un primer plano que Leo captó perfectamente. "¿No te gustaría estar acá conmigo ahora? ¿Te animás?"

Martín me volteó de nuevo, esta vez acostándome en el sillón con las piernas sobre sus hombros. Penetró con fuerza, con esa urgencia que indica que está cerca. Sentí cómo se tensaba, cómo sus movimientos se volvían erráticos.

Dije “¿Tenés lechita para mí?” mientras me relamía los dedos húmedos con su flujo "¿Me la das en mi boca?" dije pasándome los dedos por la lengua y alternando lamidas de su cabeza húmeda. Le pedí en tono de ruego, empujándolo hacia atrás. "Me la quiero tomar toda."

Como al principio, lo empujé en la cama para que quedara boca arriba (pija arriba) Me arrodillé frente a él una vez más, tomándolo con ambas manos y llevándolo a mi boca justo cuando empezó a venirse. El primer chorro de leche golpeó mi lengua, caliente y espesa, y luego vino otra, y otra. No aparté la mirada de sus ojos mientras sucedía, dejando que todo saliera, acumulándolo en mi lengua, chorreando mis labios y mojando mis dedos en un enchastre hermoso.

Cuando terminó, cuando sus temblores cesaron y su respiración empezó a normalizarse, saqué su miembro de mi boca con un sonido húmedo. La leche estaba allí, abundante, blanca y espesa, llenando mi lengua y derramándose un poco por la comisura de mis labios y dedos.

Miré directo a la cámara, a mis seguidores, mientras hacía un gesto deliberado para mostrarles todo lo que había recibido. Luego, lentamente, empecé a lamer, a saborear, pasando mi lengua por mis labios para limpiarlos. Metí dos dedos en mi boca, los cubrí de su semen, y luego los saqué para chuparlos con ganas, haciendo ruidos de satisfacción.

"Mm… ¡Cuánta lechita…! ¡Está deliciosa!," murmuré, mirando a la cámara con ojos entrecerrados. "¿Vieron eso? ¿Vieron lo rico que es animarse?"

Tragué el resto, abriendo la boca para mostrar que estaba vacía, y luego sonreí ampliamente. "Así que ya saben. Si están en Buenos Aires, si vienen de visita como mi querido Martín aquí, si quieren su casting privado... manden mensaje. Gloria Parque los espera. Con cámara, sin cámara, en mi departamento del Abasto o en el suyo. ¿Se animan?"

Martín se dejó vaciar porque con mis dedos le saqué de la pija hasta la última gotita de leche, y quedó exhausto, sin poder creer mi pasión por ese regalito final que él mismo me dio. Yo me levanté, busqué mi ropa, y antes de vestirme me acerqué a darle un beso en la mejilla.

"Gracias, bombón," dije genuinamente. "Saliste muy bien en tu casting, estás aprobado."

Y salí del departamento, dejando a Leo recogiendo el equipo, con el sabor de Martín todavía en mi boca y la satisfacción de otro trabajo bien hecho. Otro video para mi colección. Otra fantasía cumplida. Otros seguidores que, esperaba, dejarían de ser espectadores para convertirse en protagonistas.

Porque al final, eso es lo que mejor sé hacer: hacer realidad las fantasías. Una a una. Y siempre con una sonrisa.

Besos húmedos. Glo.

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