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En esta sección te vamos a contar historias de sexo, desde las antiguas prácticas hasta los rituales desconocidos en el mundo occidental. La variedad de experiencias sexuales que han dado las distintas culturas hace un combo perfecto para estuadiar, disfrutar y replicar.
Saber de la historia del sexo te hará sentir como un novato y verás qué poco hemos innovado en estos tiempos. Será hora de poner más imaginación a nuestras relaciones.

A día de hoy, hablar de sexo anal ya no es un tabú encerrado en los cuartos más oscuros de la sexualidad. Lejos de ser una práctica marginal o exclusiva de ciertas orientaciones, se ha instalado en el dormitorio de parejas heterosexuales como una de las fantasías más comunes y, para muchas, una fuente de un placer intenso y diferente. Pero, ¿qué hay detrás de esta puerta trasera del erotismo? ¿Por qué tantas mujeres están descubriendo en ella un camino al orgasmo que, en algunos casos, el sexo vaginal no les ofrecía? Fuimos a fondo para desentrañar los secretos del placer anal.
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Un viaje por el tiempo: del pecado a la práctica
Contrario a lo que se podría pensar, el sexo anal no es un invento de la pornografía moderna. Historias antiguas, desde la Grecia clásica hasta manuales tántricos orientales, hacen referencia a la estimulación anal como parte de un espectro más amplio del placer. Sin embargo, con la llegada de ciertas doctrinas religiosas, fue estigmatizado, relegado al terreno de lo prohibido y lo "antinatural". Durante siglos, el culo fue un territorio virgen para el placer consensuado, asociado casi exclusivamente al dolor o a la humillación.
Fue recién en el siglo XX, con la revolución sexual y el auge de la industria para adultos, que el sexo anal comenzó a salir del armario. Al principio, como un acto transgresor y dominante. Pero con el tiempo, y a medida que la comunicación sexual mejoraba, las parejas empezaron a explorarlo por curiosidad y, fundamentalmente, por placer. Hoy, es una práctica más, una opción más en el menú del deseo.
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Testimonios desde el frente del placer
Para entender por qué el sexo anal se ha vuelto tan popular, hablamos directamente con quienes lo disfrutan: ellas. Sus relatos son una ventana a una forma de entender el cuerpo y el orgasmo que rompe con el molde tradicional.
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Sofía, 28 años: "Al principio, me daba un poco de miedo. Te pintan un cuadro horrible, que duele, que es sucio. Pero mi actual pareja fue súper paciente. Empezamos con los dedos, mucho lubricante, y me fui relajando. El día que la pija entró bien, fue una revelación. No es el mismo placer que por la vagina, es más profundo, más... intenso. Y los orgasmos son distintos, más largos, casi que te recorren todo el cuerpo. Para mí, es la forma más rápida de llegar al clímax".
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Camila, 35 años: "Yo soy de las que nunca tuvo un orgasmo solo con penetración vaginal. Necesitaba estimulación del clítoris siempre. Con el sexo anal cambió todo. La sensación de llenura es brutal, y hay un punto, adentro, que cuando lo tocas... es como un disparador. Me he corrido de una manera que no puedo explicar. Además, la intimidad que se genera es otra. Exige una confianza y una comunicación con tu pareja que el otro sexo, a veces, no exige".
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Luana, 24 años: "Lo que más me gusta es que es una ruptura total. Es como decirle a la sociedad 'hago lo que me da puta gana y me encanta'. Es un acto de poder. Y claro, el placer es gigante. Sentir cómo te rompe el culo, en el buen sentido, es algo que te pone en otro plano. Y que se venga adentro tuyo, sentir la leche caliente, es una conexión térmica y animal que no tiene comparación. Es crudo, es directo, y no hay nada de romántico cursi, que a veces me cansa".
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Las ventajas que nadie cuenta
Más allá del testimonio personal, hay razones prácticas y fisiológicas que explican por qué el sexo anal puede ser tan gratificante para muchas mujeres.
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Proximidad con las zonas de placer: La pared que separa el recto de la vagina es delgada. La estimulación directa del ano y el recto puede indirectamente masajear y estimular puntos sensibles de la vagina, como la famosa zona del punto G, y también el clítoris desde adentro a través de sus raíces internas.
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Orgasmos más intensos y diferentes: Muchas mujeres describen los orgasmos anales como más "profundos", "ondulados" y "completos". Esto se debe a la gran cantidad de terminaciones nerviosas en la zona anal y rectal, que al ser estimuladas de forma correcta, envían señales potentísimas al cerebro.
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Nueva vía para el clímax: Para aquellas mujeres con dificultades para alcanzar el orgasmo exclusivamente con la penetración vaginal, el sexo anal abre una nueva autopista hacia el clímax, ofreciendo una sensación completamente distinta que puede ser la llave que les faltaba.
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Factor psicológico y de confianza: El sexo anal exige una vulnerabilidad y una confianza enormes con la pareja. Entregarse de esa forma, saber que el otro va a cuidar de tu placer y de tu bienestar, crea un vínculo de intimidad y complicidad muy potente. El hecho de que sea una práctica "prohibida" o "sucia" para algunos, le añade un componente de transgresión que puede ser un afrodisíaco mental increíble.
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Menos preocupaciones (para algunos): Aunque la protección es fundamental, algunas parejas disfrutan el sexo anal porque elimina la preocupación por un posible embarazo, lo que permite un abandono total al placer.
La receta para el éxito: paciencia y lubricante
Si algo quedó claro en nuestra investigación, es que la diferencia entre una experiencia dolorosa y una placentera radica en la preparación. El ano no se lubrica naturalmente como la vagina, por lo que el lubricante no es una opción, es una obligación. Los expertos y las propias protagonistas coinciden en tres puntos clave: comunicación, paciencia y mucho lubricante. Empezar con dedos, juguetes pequeños y aumentar la estimulación de a poco es la clave para que los músculos se relajen y el cuerpo se abra al placer.
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En definitiva, el sexo anal ha dejado de ser un secreto a voces para convertirse en un capítulo fundamental del manual de placer moderno. Es una práctica que exige, sí, pero que a cambio ofrece un universo de sensaciones nuevas, orgasmos rotundos y una conexión con la propia sexualidad y con la pareja que puede transformar la forma de entender el sexo. Como nos decía Camila, "es como descubrir que tenías un piso más en tu casa y nunca lo habías subido". Y una vez que lo subís, ya no quieres bajar.
