Mis historias en primera persona
UN TIGRE SIN RAYAS
HISTORIAS EN PRIMERA PERSONA
GLORIA PARQUE
(Incluye fotos ardientes del encuentro)
Todo comenzó en la penumbra de mi departamento, donde Maxi y yo nos dejamos llevar por una química ardiente que nos mantuvo enredados entre sábanas durante horas. Después, entre susurros y risas, nos quedamos charlando sobre la vida. Le confesé mi fascinación por el agua: mares, ríos, lagunas, cualquier espejo líquido que me envuelve en un hechizo de libertad y plenitud, casi tan embriagador como el éxtasis de la cama.
Sus ojos brillaron con un secreto que no tardó en revelarme. Maxi era dueño de un barco en el Tigre, una localidad a un suspiro de Buenos Aires, y me invitó a pasar una noche a bordo. Mi corazón dio un salto; acepté con una sonrisa ansiosa, imaginando una velada íntima bajo las estrellas. Pero cuando me abrazó, su voz se deslizó en mi oído con un tono provocador: “No estaré solo, un par de amigos me acompañan”. En ese instante, supe que la noche prometía ser un torbellino de deseo mucho más intenso de lo que había soñado.
El sábado siguiente, tras un viaje de poco más de una hora, llegué al muelle del Tigre donde Maxi me esperaba. Subimos a su barco bajo un cielo encapotado, con nubes que parecían contener una tormenta a punto de estallar, tiñendo el aire de una bruma sensual. La cubierta de madera, con asientos que invitaban al roce, y el interior acogedor, también de madera, creaban un ambiente íntimo y cargado de promesas. Allí me esperaban sus dos amigos, con miradas cómplices y sonrisas nerviosas que delataban su anticipación. Los saludé con besos lentos, dejando que mis labios rozaran sus mejillas, y nos sentamos a charlar. Maxi descorchó una botella de champagne, y brindamos por una noche que sabíamos sería inolvidable.
Llevé mi pequeña cámara para inmortalizar cada instante, y le pedí a uno de los chicos que la sostuviera mientras Maxi, con los ojos encendidos de deseo, comenzaba a acercarse. Todo estalló en un segundo. Sus manos desabrocharon mi blusa con urgencia, dejando al descubierto mi piel bajo el encaje del corpiño. Jugamos con un salvavidas anaranjado, colocándomelo como un collar improvisado mientras mis pechos se asomaban, provocadores, bajo las risas y miradas de los tres. Los besos de Maxi eran voraces, y el roce de sus manos encendía mi cuerpo mientras yo tomaba el control.
Me arrodillé frente a él, su miembro a centímetros de mis labios. Lo besé con suavidad, recorriendo su tronco con pequeños roces hasta llegar a la punta, donde comencé a saborearlo con una lentitud deliberada, prometiendo placeres mayores. Su pija, cada vez más dura, respondía a mi ritmo, y pronto Maxi me tomó de la cabeza, moviendo sus caderas para llenar mi boca mientras gemía. El segundo chico no se quedó atrás; se acercó por detrás, ofreciéndome su erección. Alterné entre ambos, mi boca danzando de uno a otro, mientras el tercer chico grababa cada detalle, su lente capturando la intensidad del momento.
Me puse de pie, dejando que sus manos exploraran mi cuerpo. Jugaron con mi culo, abriendo mis nalgas, dando pequeños azotes que enviaban chispas de placer por mi piel. Sus dedos se aventuraron en mi concha, ya húmeda y ansiosa, mientras yo me entregaba a sus caricias, gimiendo suavemente bajo sus toques expertos.
Nos trasladamos a otra parte del barco, donde la pasión se desató por completo. Me senté sobre el segundo chico, dejando que me penetrara mientras mi cuerpo se arqueaba de placer. Con Maxi, intercambiábamos besos húmedos y chupadas que me llevaban al borde del éxtasis. Aceleré el ritmo, presionando para sentirlo hasta el fondo, mientras sus manos en mis caderas guiaban cada movimiento, su respiración entrecortada mezclándose con la mía.
Luego, en un sofá, me puse en cuatro, ofreciendo mi culo a sus deseos. Uno de ellos me penetró con fuerza, cada embestida haciéndome gemir, mientras el otro llenaba mi boca con su pija, alternando entre chupadas y roces. La intensidad crecía, y cuando uno de ellos anunció que estaba a punto de acabar, cambié de posición. Me tendí boca arriba en el sofá, mi rostro listo para recibirlo. “Acabame en la cara,” susurré, mi voz cargada de deseo.
El primer chorro llegó con una fuerza que me sorprendió, bañando mi mejilla. Los siguientes cayeron en mi boca y alrededor de mis labios, empapándome en una cálida cascada. Su leche, espesa y cremosa, delataba que llevaba días sin liberarse, y su sabor dulzón me hizo estremecer de placer. Seguí chupando, exprimiendo las últimas gotas, mientras Maxi, que había observado todo, se acercó. En menos de un minuto, su leche llenó mi boca, mezclándose con la anterior. Con los dedos, recogí cada rastro de semen de mi rostro, llevándolo a mis labios para no desperdiciar nada. Cuando terminé, tragué con deleite, dejando que la cámara capturara el clímax de esa noche mágica.
El tercer chico, tímido, se limitó a filmar, pero su lente guardó cada instante de esa experiencia ardiente. Aunque me quedé con ganas de más, el material que grabamos es un tesoro que ahora comparto con ustedes. ¿Querés sumergirte en esta noche de pasión? El video completo está en nuestra galería VIP en Gardelhat.com – Gloria Parque. ¡Hacete miembro y dejate llevar por el deseo!





